Mensajes de agradecimiento en Madrid al servicio de recogida de residuos urbanos

Una corriente de simpatía con los trabajadores de recogida de residuos urbanos se extiende entre la población. Así lo percibe este colectivo que exhibe con gratitud los mensajes que niños y adultos les dejan en las tapas de los cubos: “Muchas gracias superbasureros”, “Gracias por limpiar la ciudad”.
“En medio de esta epidemia, somos uno de los oficios más importantes para que todo siga con normalidad y la gente se está dando cuenta”, lo dice, orgulloso, Miguel Ledesema, 52 años, 29 de ellos trabajando en una de las concesionarias que se hace cargo de la recogida de basura de Madrid, desde uno de esos camiones en los que ha recorrido, dice, la mayoría de los barrios de la ciudad.
No sólo Ledesma está orgulloso de la empatía que observa entre los ciudadanos hacía su oficio en estos momentos difíciles, también sus compañeros le transmiten que perciben esa solidaridad hacia un trabajo que, en Madrid se está prestando al cien por cien salvo,  algún servicio auxiliar menor como la recogida de cartón puerta a puerta que no se está realizando. Explica que estos días tienen el mismo trabajo que antes. “quizá un poco menos, pero se ha reducido muy poco porque lo que no está en un sitio, lo tenemos en otro. La basura que la gente no genera en los centros de trabajo, la produce en casa”, comenta aunque admite que hay menos recogida en la actividad industrial y comercial, “que está más parada”.
Este trabajador acude tranquilo a su puesto de trabajo, con la preocupación lógica por lo que está ocurriendo pero consciente de que su empleo está clasificado entre los de “bajo riesgo” de contagio. Ledesma precisa que el problema no está en la basura que “va en bolsas, y las bolsas en contenedores” y, por tanto, el contacto es mínimo. El riesgo, dice, está en las relaciones personales “en los vestuarios y en el contacto entre las cuadrillas”. Para eso, señala, se están organizando turnos escalonados para que el personal apenas coincida, se eviten las aglomeraciones y el riesgo se minimice.
Este trabajador asegura que desde los comités de empresa se ha hecho un trabajo de formación “para poner cordura” y no se cayera en alarmismos que, asegura, “no responden a la realidad”. Ledesma relata que los camiones también acuden a la recogida en centros hospitalarios pero aquí solo se hacen cargo de los residuos asimilables a basura domiciliaria y, en ningún caso, de los que contienen restos biológicos por, ejemplo, por intervenciones quirúrgicas “que reciben un tratamiento específico”.
Sí reconoce que el material escasea, en concreto las mascarillas, aunque considera que no es bueno, en su opinión, llevarlas puestas las ocho horas de trabajo. Lo que sí utilizan durante todo el turno son los guantes para minimizar el contacto con posibles focos infecciosos. Y en este escenario de estado de alarma y confinamiento, lo que más agradecen Ledesma y sus compañeros son las ráfagas de solidaridad, no sólo en los mensajes que niños y adultos depositan sobre las tapas de los cubos, y que recogen y guardan con un agradecimiento infinito. 
También se emocionan con los aplausos que desde los balcones a las ocho de la tarde se ofrecen a los trabajadores sanitarios y que últimamente, dice, les hacen extensibles a su labor, “un trabajo a veces denostado pero que hoy tiene más valor que nunca”.


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