El Gobierno Vasco afirma que se detectaron "aspectos a subsanar" en la última inspección del vertedero de Zaldibar que se derrumbó sobre la AP-8

El Gobierno Vasco ha afirmado que la Viceconsejería de Medio Ambiente inspecciona instalaciones como la del vertedero de Zaldibar (Bizkaia) (que sufrió un derrumbe la semana pasada) “con una periodicidad que varía de anual a trienal” y ha asegurado que en la última inspección realizada, el pasado 10 de julio de 2019, se detectaron “distintos aspectos a subsanar”. Además, ha informado de que la empresa respondió a su requerimiento con un informe de una ingeniería especializada que determinaba que el vertedero era “estable”.
En una nota de prensa, el Departamento vasco de Medio Ambiente ha manifestado asimismo, “sin perjuicio de las explicaciones más amplias que sobre el control ambiental de la instalación está dispuesto a ofrecer el consejero Iñaki Arriola en los ámbitos correspondientes, que desde el momento en que sucedieron los hechos, la acción de sus responsables ha estado “concentrada en los trabajos que se desarrollan para la localización de los dos trabajadores desaparecidos y para restablecer el tráfico y las infraestructuras afectadas”.
El Departamento ha señalado además que el vertedero vizcaíno disponía de la autorización ambiental necesaria para “recibir residuos que contengan amianto”, de acuerdo con la normativa europea “que fija los criterios para la admisión de algunos residuos peloigrosos en vertederos destinados a residuos no peligrosos”. Tras detallar que la instalación de Zaldibar obtuvo su autorización ambiental integrada (AAI) para la actividad de vertedero de residuos no peligrosos de origen industrial con fecha de 22 de enero de 2007, indica que se establece en ella “medidas y controles muy rigurosos para evitar o reducir al máximo las emisiones de estas actividades en la atmósfera, el agua y el suelo, incluidos los residuos”. Además, se requiere aportar documentación justificativa de las condiciones constructivas, incluyendo lo referido a la impermeabilización y la estabilidad del vaso de vertido.
El Departamento ha explicado que la inspección de este tipo de instalaciones se desarrolla “con una periodicidad que varía de anual a trienal”, de tal forma que en la última inspección realizada el pasado 10 de julio de 2019 se detectaron “distintos aspectos a subsanar” por lo que se emitió requerimiento para que se aportara documentación complementaria con fecha de 16 de septiembre de 2019. En respuesta al este requerimiento, el 11 de octubre de 2019 la empresa propietaria del vertedero aportó “diversa información” y, “junto con la referida al futuro sellado del vertedero, se aportó un estudio realizado por una ingeniería especializada”. El estudio recogía una serie de conclusiones y recomendaciones, y establecía que el vertedero era “estable” con la configuración actual, desde el punto de vista global, “tanto frente a roturas circulares, como frente a roturas de bloque por el plano de debilidad que constituye el conformado de base”.  Asimismo, se determinaba que si se continuaba con la misma dinámica de llenado, tanto como si se construía la plataforma intermedia como si no se ejecutaba, “tanto para una situación normal como para una situación accidental de fallo de drenaje el vertedero, se comportará cumpliendo los criterios de estabilidad establecidos por el Gobierno Vasco”.
“Es significativo destacar la importancia que tiene la ejecución de un buen drenaje de base, tal y como se está realizando hasta la fecha, para garantizar la estabilidad del vertedero”, añadía el informe. Entre las recomendaciones del mismo, se aconsejaba ejecutar un buen drenaje basal, “tal y como se había realizado hasta la fecha”, para impedir el aumento del nivel freático dentro del cuerpo del vertedero, así como realizar un llenado por tongadas bien compactadas “para garantizar las características resistentes de los materiales”. También se recomendaba continuar con los contrafuertes realizados con material de mejor calidad (más grueso) en las zonas exteriores de cada nivel y garantizar un buen sellado “para evitar la filtración de agua al cuerpo del vertedero y aportar estabilidad a los taludes del mismo”. Además, el estudio consideraba necesaria la realización de un “control esporádico de los materiales de llenado y sus características resistentes” y recomendaba “realizar controles geotécnicos esporádicos de los materiales que se vayan vertiendo”. 
Asimismo, el Departamento de Medio Ambiente recuerda que la autorización ambiental integrada concedida a la instalación le autorizaba a recibir residuos que contengan amianto, fijándose “las condiciones de descarga, tratamiento y depósito en el vertedero”. En este sentido, ha detallado que la entrada total de residuos registrada en el vertedero fue de 379.689 toneladas en 2017; de 540.667 toneladas en 2018, y de 510.994 toneladas en 2019. Por lo que se refiere a las entradas de materiales de construcción que contienen amianto, como el caso placas, tuberías y canaletas de fibrocemento, las entradas fueron de 2.954 toneladas en 2017; 2.592 toneladas en 2018, y 4.235 toneladas en el año 2019.


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